jueves, 14 de julio de 2011

El libro “El poder del Ahora”

Es un manual de iluminación escrito desde el lado de quien ya es un iluminado.
Sus palabras transmiten paz, es como si el papel se hubiera impregnado de esa esencia y cuando uno lo lee se reproduce el mensaje vivo, como un gramófono reproduce la voz grabada en los surcos, y llega con una intensidad que produce cambios en uno.
No tiene más de 200 páginas, pero llevo con él ya dos meses, porque avanzo y retrocedo continuamente. Es tal la densidad de verdades trascendentales por cm2 de papel  que a menudo me paro para tomarlas en pequeñas dosis y asegurarme de que no se me ha escapado nada.
Digo que son verdades porque así lo siento cuando lo leo y resuena su mensaje en mi propio interior, como si siempre hubiera estado ahí y ahora lograra reconocerlo.
Cuando llegue al final del libro sin duda volveré a comenzarlo, y creo que me acompañará toda la vida,  como una brújula que apunta siempre hacia el norte del alma, hacia la iluminación.

sábado, 2 de julio de 2011

Autoestima

Si algo he tenido claro que no tengo que hacer en esta nueva situación de mi vida, (sin empleo), es perder la autoestima.
Como ya dije, la línea entre comerte el mundo y sentirte una mierda puede ser muy fina, y hay que estar muy alerta para no traspasarla.
Ahora puedo decir que la he traspasado en estos casi tres meses, en repetidas ocasiones.
Me pregunto cómo ocurre que el malestar que se produce en una parcela de mi vida se pueda extender a la totalidad de ésta.
El hecho de que pueda inundar, contaminar e impregnar, tantos otros aspectos y situaciones de mi existencia, implica que hay un error de “procesado de acontecimientos”. En algún punto he perdido el control. En alguna frase interna estoy creando un silogismo estúpido, (estúpido en el sentido que lo utiliza Albert Ellis). Algo así como:

Lo parados son una mierda,
Yo soy una parada,
Entonces yo soy una mierda

Qué pena que la cosa no sea tan sencilla de desmontar como tachar:
 “Los parados son una mierda”.
 Desgraciadamente los procesos son mucho más sutiles, las sentencias equivocadas están camufladas, están disfrazadas de “conceptos sensatos”, de “verdades universales”, de “porque es así de toda la vida”, o de “porque todo el mundo lo sabe”, y la tarea mas difícil es detectarlos, rastrearlos en nuestro bagage, extraerlos de lo mas profundo de ese tejido en el que se encuentran imbricados.
 Después vendría el analizarlos y juzgarlos, pero ya no es apenas necesario. Si has conseguido detectarlo es porque una parte de ti ya sabe que no es cierto, y el hecho de atraer hacia la superficie una de esas “verdades erróneas” que llevamos dentro, hace que, al contacto con el aire libre se arruguen, se empequeñezcan, se marchiten  y dejen de tener el peso que tenían.
(No os preocupéis por mí los que me queréis, que cuando escribo esto es porque ya estoy de vuelta...)