Mostrando entradas con la etiqueta ansiedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ansiedad. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de febrero de 2012

Ansiolíticos en cifras

Hace unas semanas oí una noticia sobre el incremento del consumo de ansiolíticos en España que me dio que pensar. Me he puesto a buscar un poquito por Internet para tener de primera mano esos datos, y he encontrado un estudio de la SEAS (Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés) con unos datos muy interesantes. Por ejemplo:

En el periodo 1997-2001 se produce un incremento ¡del 259,4%! , pero es que el crecimiento en el consumo aumenta  cada vez a mayor ritmo.
En millones de envases, el consumo de ansiolíticos (benzodiacepinas) ha pasado de 35 en 2001 a 43,53 en 2007.

El consumo de benzodiacepinas tiene consecuencias negativas en distintos aspectos:
  • Los efectos secundarios para los pacientes: El uso crónico de estos fármacos produce fármacodependencia, trastornos cognitivos y de la función motora, confusión, trastornos de la memoria, ineficacia terapéutica y el mayor riesgo de caídas y fracturas.
  • El coste para el estado, de forma directa por el propio medicamento y de forma indirecta por la mayor frecuencia de caídas en personas mayores, generalmente mujeres que sufren rotura de cadera.

Seguramente los datos actualizados seguirán la misma triste tónica de crecimiento, y yo me pregunto si las autoridades sanitarias van a esperar a que todos los habitantes sean drogodependiente para asumir que es más sano y más barato enseñar cómo manejar el estrés y la ansiedad con técnicas de relajación que empapuzar a la población con fármacos que solo enmascaran el problema o alivian los síntomas temporalmente.

No podemos cambiar la sociedad, y el ritmo frenético y absurdo al que vivimos de golpe, pero si se dotara a la población de las armas necesarias para sobrevivir a él, desde la infancia, desde los colegios, probablemente ese ritmo empiezaría a hacerse mas racional por si solo, y la vida de las personas mas vivible.

viernes, 13 de enero de 2012

¿Pinchazo o pellizco?

A veces entro en una disquisición estúpida y torturante:
Veo a mi padre que aún camina de aquí para allá, pero que apenas recuerda quién es, qué fue de su vida, o su lengua materna,  y a menudo estos pensamientos se enlazan con el recuerdo de una anciana tía de mi madre que, con una mente límpida y sensata vive en una silla de ruedas desde hace 20 años. Y a partir de ahí me pongo a comparar qué es mejor y qué prefiero, y dejo que esta discusión interna me lacere y me enerve.
Es el mismo tipo de zozobra que, de estudiante me producía oír esas historias  que nunca he sabido si eran ciertas, de agresiones en las que te daban a elegir si preferías “pinchazo o pellizco”.
Entonces me hago la pregunta mágica: ¿PARA QUÉ?
 ¿Qué objeto tiene mortificarse así? ¿Para qué me sirve? ¿Por qué oscuras razones me angustio con semejantes idioteces? ¿A qué sádicos dioses estoy haciendo ofrenda con mis sufrimientos?
Y caigo en la cuenta de que no hay obligación de elegir, que es un conflicto estúpido que no me aporta nada, que no crea, no construye,  no alecciona, y mucho menos asegura que el futuro vaya a ser el que yo pudiera elegir.

martes, 18 de enero de 2011

Despertares

Cada vez recuerdo más lejanos los días de locura en los que me dejaba la puerta de la casa con las llaves puestas, metía los calcetines recién emparejados en el armario de la cocina o se me olvidaba descongelar comida para el día siguiente, de puro desbordada que estaba.

Ha sido necesario sacrificar actividades tan gratificantes como el yoga o la natación, pero al menos he ganado en tener el pensamiento un poco más cerca de cuerpo, como si hubiera conseguido coser a mis talones aquella sombra díscola de Peter Pan que andaba a su antojo.

Sin embargo, aún me despierto a veces con la sensación de prisa. ¡Qué hay que hacer, qué hay que hacer! Es como una urgencia que se me ha quedado a vivir dentro.
Esa inquietud de tener tareas pendientes, me despierta sin contemplaciones, sin darme apenas tiempo para asimilar que empieza un nuevo día y que puedo disfrutarlo.
Como siempre, el haberlo detectado es haber recorrido ya buena parte del camino para erradicarlo.
Ahora es mas fácil echar de mi casa a ese enanito gritón que me zarandea con tan poca delicadeza. Ese reflejo de ponerme en marcha como una autómata programada para la producción, y saltar de la cama sin mas reflexión que el arremangarme  para comenzar la tarea.