Dice E. Tolle que “el secreto de la vida está en morir antes de morir y descubrir que no hay muerte”.
Cuando nos damos cuenta de que no somos ni nuestro equipo de fútbol ni nuestro puesto de trabajo, ni nuestra nacionalidad, ni nuestro coche.
Cuando reconocemos que ni nuestro lugar de residencia ni nuestra ropa hablan de quien en realidad está dentro de nosotros
Cuando aceptamos que ni siquiera nuestras creencias, nuestra educación o nuestros conocimientos son nuestra esencia última.
Cuando llegamos a entender que somos algo más y dejamos atrás todo el miedo a perder lo que creíamos ser, entonces es como si muriéramos en lo superficial, como si nos quitáramos la cáscara y comprendiéramos que somos otra cosa, mucho más allá de todo eso. ¿Cómo llamarlo? Energía pura, consciencia pura…
Esta idea me recuerda a aquella película, Cocoon en la que seres de otro planeta usaban una especie de trajes de carne y hueso para poder interactuar con los humanos, aunque su verdadera naturaleza era una luz intensa. Algo así debemos ser nosotros, y solo podemos reconocer esa naturaleza cuando nos despojamos de ese traje.
Dice Tolle que no hace falta morir de verdad para llegar a conocer en nosotros mismos esa esencia, pero por si no lo conseguimos, nos consuela diciendo “a mas tardar lo sabrás cuando sientas que la muerte se acerca”.
En fin, que de momento, seguiremos intentandolo


