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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Perdonen que no me levante


Me vais a perdonar pero no estoy para gaitas. Es el tercer día que duermo menos de 5h (mi hija se despierta con miedo por la noche) y llego a la ofi como un zombie chutao de cocacola. Espídica en las tres primeras horas, en las que los efectos de la ducha, el frescor de la mañana y el té se entrelazan como el mimbre en el cesto de Moisés y me tienen a flote...Después mis energías empiezan a decaer paulatinamente hasta el punto en que a las 19h me arrastro literalmente.
Casi al mismo ritmo mi irritabilidad ha ido creciendo, y hacia las 8 de la noche me sale ese sargento esquizoide que llevo dentro y me pongo a dar órdenes (a veces contradictorias) a diestro y siniestro, orientadas a que todo esté resuelto a las 22h para poderme acostar.
El incumplimiento inmediato de cualquiera de esas órdenes es causa de sanción (generalmente consistente en tener que aguantar una charla  dos octavas por encima de mi tono habitual de voz).
Claro que, la sargento, que para algo es esquizoide, al ratito se siente una miserable por no saber controlar el mal humor y hacer víctima de él a todo el que se cruce en  su camino...
Total que me acuesto cansada y culpable, y aterrorizada por lo que me espera esta nueva noche, que amenaza con ser otra noche “movidita”.
Así que, como diría Groucho, hoy,  “perdonen que no me levante

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El bebé

Esto va para las que van a ser mamá por primera vez  próximamente:
Cuando dí a luz a mi hijo mayor, alguien me dijo “la mamá inteligente duerme cuando el niño duerme”.
Por supuesto, no hice ni puñetero caso. Me dedicaba a hacer “todo lo que había que hacer”.
A los pocos días comprendí que no estaba siendo muy inteligente, porque me sentía  sin fuerzas para nada, inútil, irritable y decaída.
Afortunadamente reaccioné a tiempo y rectifiqué. Intenté dormir todo lo que era posible, siguiendo aquel sabio consejo que había despreciado en un principio, independientemente de lo intempestivo de las horas y de lo desordenada que estuviera la casa, y  ¡milagro!, empecé a organizarme mejor y a tener ratos libres en los que ya no dormía porque no tenía necesidad.
Creo que muchas de las “depresiones port-parto” no llegarían a producirse si la matrona prescribiera a la madre el dormir como una norma de higiene más

viernes, 26 de noviembre de 2010

Horario intensivísimo

¿Cuantas de nosotras tienen la sensación de descansar cuando salen del trabajo? Yo creo que casi nadie. Ni las que tienen ayuda en casa,  ni  las que no la tienen. Muy pocas tienen sensación de descanso cuando termina su jornada laboral.
Y lo peor es que nos parece lo normal. No reaccionamos frente a ello, lo asumimos porque es nuestra vida, y ni nos planteamos que pudiera ser de otra manera.
Recuerdo el fin de semana previo al comienzo del curso, charlando con amigas y conocidas, el tema era único: el comienzo del curso. La vuelta a los horarios, las prisas, las obligaciones...
La mayoría tenía desde el viernes  la  pila de libros de los niños perfectamente etiquetados y forrados, los uniformes preparados, los zapatos recién comprados, y la respiración contenida pensando en lo que se nos venía, como si nos estuviéramos colocando en la parrilla de salida de una inacabable maratón a la que no nos hemos apuntado precisamente por deporte.