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viernes, 6 de septiembre de 2013

Ver la vida con ojos de turista


Recientemente me he acordado de la propuesta que nos hicimos mi amiga Mayte M. y yo hace muchos años una tarde  en París, último día de nuestras vacaciones, sentadas en el suelo de un parque apoyadas en nuestras mochilas como respaldo, sin más hacer que ver la gente pasar, sin mas dinero que 50 pesetas que no podíamos cambiar a francos por ser demasiado poco. Teníamos pan, queso y 2 manzanas en la mochila para cenar, y el albergue ya pagado. No necesitábamos más, y disfrutamos de cada segundo que estuvimos allí, observando el pasear de la gente, escuchando retazos de conversaciones que pasaban a nuestro lado, oliendo la mezcla de olores de las flores y el aligustre de los parterres con el polvo del suelo de terrizo



Es ese momento, constatamos lo bien que nos sentíamos, y lamentamos que no fuera posible extrapolar esa despreocupación, esa forma de estar a lo cotidiano, a nuestro día a día en Madrid. Nos propusimos intentarlo, pasear por nuestra ciudad con nuevos ojos, con la curiosidad del desconocimiento, con la intención de descubrir tesoros, la cámara colgada al cuello, dispuestas a aceptar todo lo sorprendente y especial que nos vamos encontrando, y con la parsimonia de “tenerlo todo hecho”, como si nuestra única función en la vida fuera la de simplemente “estar”, cambiándola al menos durante unas horas por la de “hacer”.

Supongo que no hará falta que diga que nunca lo hicimos, pero sigo creyendo que es un buen ejercicio,  y para mí, cada vez más difícil de poner en práctica.

viernes, 13 de enero de 2012

¿Pinchazo o pellizco?

A veces entro en una disquisición estúpida y torturante:
Veo a mi padre que aún camina de aquí para allá, pero que apenas recuerda quién es, qué fue de su vida, o su lengua materna,  y a menudo estos pensamientos se enlazan con el recuerdo de una anciana tía de mi madre que, con una mente límpida y sensata vive en una silla de ruedas desde hace 20 años. Y a partir de ahí me pongo a comparar qué es mejor y qué prefiero, y dejo que esta discusión interna me lacere y me enerve.
Es el mismo tipo de zozobra que, de estudiante me producía oír esas historias  que nunca he sabido si eran ciertas, de agresiones en las que te daban a elegir si preferías “pinchazo o pellizco”.
Entonces me hago la pregunta mágica: ¿PARA QUÉ?
 ¿Qué objeto tiene mortificarse así? ¿Para qué me sirve? ¿Por qué oscuras razones me angustio con semejantes idioteces? ¿A qué sádicos dioses estoy haciendo ofrenda con mis sufrimientos?
Y caigo en la cuenta de que no hay obligación de elegir, que es un conflicto estúpido que no me aporta nada, que no crea, no construye,  no alecciona, y mucho menos asegura que el futuro vaya a ser el que yo pudiera elegir.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Quantum Entrainment

Siguiendo con la experiencia que os proponía hace unos días:
¿No es curioso que ese torrente de pensamientos que a veces resulta  irrefrenable se haga de rogar cuando lo esperas?
De verdad funciona. Lo estoy usando por las noches, cuando mi cabeza se suele desbocar, y cabalga cual caballo Takhi por las estepas mongolas, y resulta que la mente se adormece al cabo de tres o cuatro repeticiones.
El objetivo del ejercicio no era éste, claro, el objetivo es “saborear” ese estado que el autor llama conciencia pura aunque sea en milésimas de segundo. Pero a las 3:30 de la mañana, cuando uno está rendido de cansancio, parar el flujo incesante de ideas lo que hace es abrir las puertas al sueño. Bienvenido sea aún como efecto colateral.

El libro de Kinslow ofrece un par de ejercicios más, con grabaciones en mp3 que te puedes descargar de su página. http://www.quantumentrainment.com/downloads.html
Todas estas meditaciones están encaminadas a enseñarnos a manejar ese estado de conciencia pura que para el autor es el potente regenerador que todo lo cura.

Mecaniza una técnica que denomina Quantum Entrainment, y que utiliza con fines curativos, en los mismos términos que el Reiki, es decir, teniendo claro que no es el practicante de la técnica quien cura sino la energía universal, conciencia pura o energía de amor incondicional, como queramos llamarlo.

Es un  texto cortito, conciso y práctico, y las explicaciones son muy didácticas. Por ejemplo, explica la no existencia del tiempo de una forma mucho más clara que Eckhart Tolle, o al menos yo así lo he apreciado, ¡y sabéis que soy ”fan” de Eckhart! Vamos, que a mi me ha gustado.

martes, 23 de noviembre de 2010

Cuestión de higiene mental

Estoy leyendo el archiconocido “usted puede sanar su vida” de Louise L.Hay.
               A mí,  estos títulos tan de vendedor de feria me tiran un poco para atrás, y pese a que he pasado por delante de él en numerosas ocasiones, nunca me había decidido a comprarlo, pero ahora que por fin ha caído en mis manos  (gracias a un préstamo), reconozco que me he dejado llevar por prejuicios, porque creo que tiene muchas ideas interesantes.  De hecho, leyendo el capítulo dedicado a la prosperidad, se me ha ocurrido que las mismas técnicas que se proponen para llevar una vida próspera,  se pueden aplicar a otras cosas que no sean el dinero, y en nuestro caso, al tiempo.
               A menudo, cuando me entero de algún evento interesante, un curso, una actividad, cualquier cosa que se sale de mi planning habitual, pienso -Buff, qué pena, no tengo tiempo-,  y descarto la idea o la propuesta.
              Siguiendo los dictados de L. Hay, voy a positivar el pensamiento, y en vez de decir  “No tengo tiempo” lo voy a sustituir por “Hay tiempo para todo”. Cuestión de higiene mental.
               De momento, me resulta menos estresante pensar lo segundo que lo primero, y al fin y al cabo, ¡me voy a quedar sin hacerlo igualmente!
                La verdad es que suena un poco penoso ¿no? Demasiado conformista. Pero voy a probar, no me cuesta nada, y como ya digo, de primeras me es menos dañino. Me entristece menos pensar que “hay tiempo para todo". Es como una ventana abierta, unos puntos suspensivos, en vez del portazo  rotundo y perpetuo del “no tengo tiempo”.