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viernes, 6 de septiembre de 2013

Ver la vida con ojos de turista


Recientemente me he acordado de la propuesta que nos hicimos mi amiga Mayte M. y yo hace muchos años una tarde  en París, último día de nuestras vacaciones, sentadas en el suelo de un parque apoyadas en nuestras mochilas como respaldo, sin más hacer que ver la gente pasar, sin mas dinero que 50 pesetas que no podíamos cambiar a francos por ser demasiado poco. Teníamos pan, queso y 2 manzanas en la mochila para cenar, y el albergue ya pagado. No necesitábamos más, y disfrutamos de cada segundo que estuvimos allí, observando el pasear de la gente, escuchando retazos de conversaciones que pasaban a nuestro lado, oliendo la mezcla de olores de las flores y el aligustre de los parterres con el polvo del suelo de terrizo



Es ese momento, constatamos lo bien que nos sentíamos, y lamentamos que no fuera posible extrapolar esa despreocupación, esa forma de estar a lo cotidiano, a nuestro día a día en Madrid. Nos propusimos intentarlo, pasear por nuestra ciudad con nuevos ojos, con la curiosidad del desconocimiento, con la intención de descubrir tesoros, la cámara colgada al cuello, dispuestas a aceptar todo lo sorprendente y especial que nos vamos encontrando, y con la parsimonia de “tenerlo todo hecho”, como si nuestra única función en la vida fuera la de simplemente “estar”, cambiándola al menos durante unas horas por la de “hacer”.

Supongo que no hará falta que diga que nunca lo hicimos, pero sigo creyendo que es un buen ejercicio,  y para mí, cada vez más difícil de poner en práctica.

domingo, 29 de julio de 2012

La risa, la sonrisa, y la media sonrisa

Ya hablamos hace tiempo sobre los beneficios de la risa, y algo más recientemente sobre los efectos de la sonrisa. Bueno, pues el tema aún da más de sí. Hoy hablamos de los efectos de “la media sonrisa”, a la que se refiere Thich Nhat Hanh, en  "Lograr el milagro de estar Atento”, un librito delicioso, lleno de una sabiduría sencilla y al mismo tiempo muy profunda, que me ha encantado. Aquí os pongo las recomendaciones para trabajar con la “media sonrisa”.
 

1. Media Sonrisa en cuanto te despiertes por la mañana.

Cuelga una rama o cualquier otro signo, o incluso la palabra "sonrisa" del techo o en la pared, de modo que la veas en cuanto abras los ojos. Esta señal te servirá de recordatorio. Emplea unos segundos antes de levantarte de la cama en regular la respiración, haz tres respiraciones mientras mantienes la media sonrisa y sigue la respiración.

2. Media Sonrisa en los ratos libres.

Mientras estés en una sala de espera, en la cola, o en cualquier lugar en el que permanezcas sentado o de pie, semi-sonríe. Inspira y espira lentamente tres veces, mantén la media sonrisa y considera tu propia naturaleza el foco de tu atención.

3. Media Sonrisa mientras escuchas música.

Escucha una pieza de música durante dos o tres minutos. Presta atención a las palabras, música, ritmo y sentimiento. Sonríe mientras observas tu inhalación y exhalación.

4. Media Sonrisa cuando estés irritado.

Cuando te des cuenta de que estás irritado, semi-sonríe. Inhala y exhala, tranquilamente, manteniendo la media sonrisa durante tres respiraciones.
Dejarse ir.

5. La relajación de la Media Sonrisa

Túmbate de espaldas sobre una superficie plana. Mantén los brazos extendidos a los lados y las piernas ligeramente separadas, extendidas al frente. Mantén una media sonrisa.

Respira tranquilamente con la atención enfocada en la respiración. Deja ir cada músculo del cuerpo. Relaja cada músculo como si estuviesen colgando a través del suelo o como si fueran tan blandos y flexibles como un trozo de seda colgando de una cuerda, puesto a secar. Déjate ir totalmente, mantén la atención solamente en la media sonrisa y en la respiración. Identifícate con un gato, completamente relajado ante un fuego, con los músculos flácidos, sin hacer resistencia a la caricia de nadie. Sigue así durante 15 respiraciones.

6. Media Sonrisa en posición sedente.

Siéntate en la postura del loto o medio loto, o con las piernas cruzadas, o plegadas al frente, o incluso en una silla con los dos pies tocando el suelo. Semi-sonríe. Continúa como en el ejercicio anterior.

Estas meditaciones aunque fáciles, constituyen los cimientos sobre los que se construye todo.

jueves, 14 de junio de 2012

Uno que no tenía tiempo y lo encontró

Os transcribo este fragmento de  “Lograr el milagro de estar atento” de Thich Nhat Hanh.
En él, un amigo le transmite al autor el descubrimiento que ha hecho a la hora de gestionar su propio tiempo. Como veréis, este amigo era uno de los que sentía lo de “no tengo tiempo para mí”; al parecer lo resolvió.
 No sé si nos servirá a todos igual, pero la descripción que hace de cómo se sentía antes del descubrimiento a mi me ha sonado como si fuera yo misma la que lo escribe, y su forma de resolverlo  es un punto de vista que hasta ahora se me había escapado. Lo mismo hasta me sirve.

“Antes solía ver mi tiempo como si estuviera fraccionado, una parte la reservaba para Tony, le ayudaba con los deberes, le leía cuentos o le bañaba. Otra parte era para Ann, ayudándole con Zoe, haciéndole la compra, llevando la ropa a la lavandería y hablando con ella cuando los niños ya estaban en la cama. […] El tiempo que sobraba lo consideraba mío; podía leer, escribir, investigar y pasear. El trabajo en la oficina también era otra parcela, o sea el tiempo para la oficina. Pero ahora, intento no fraccionar el tiempo nunca más; considero al tiempo que paso con Tony y Ann como el mío propio. Cuando ayudo a Tony con sus deberes procuro desechar el pensamiento de que “este es el rato que le reservo a Tony y luego tendré un rato para mí”. Trato de buscar formas de ver su tiempo como el mío propio. Sigo las lecciones con él, compartiendo su presencia y encontrando la manera de interesarme en lo que hacemos durante ese tiempo. De esta manera el rato para él es mi propio tiempo. Lo mismo con Ann. Y lo más notable es que ahora tengo tiempo ilimitado para mí.”

martes, 11 de octubre de 2011

Regreso del futuro

Otra vez he estado fuera, esta vez en el futuro. Futuro inmediato a ratos, y a  largo plazo en otros.
El caso es que cuando estoy en el futuro,  no estoy  presente, y cuando no estoy  presente, las cosas del presente se me desmandan, y así, mientras mis manos colocan las llaves en la puerta de casa, yo estoy en 2013, y claro, desde tan lejos, ¿cómo me voy a acordar de quitarlas de la puerta después de cerrar?
Mi amiga B., que también viaja a través de agujeros negros y aparece en otras dimensiones como yo, colocó una vez su móvil en el lavavajillas. Yo hago cosas menos graciosas, pero igual de descerebradas.
¡Presencia!, Presencia es lo que me hace falta, me digo, y tiro de mis pies que están flotando como un manojo de globos en el cielo azul…
¡Presencia en el presente!