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miércoles, 7 de agosto de 2013

Un cuentecito sobre las tareas

Hay un librito sobre cuentos de la tradición sufí, recopilados por Idries Shah, y al ojear al azar vine a dar con este cuentecito que os transcribo a continuación y que tiene mucho que ver con la vida atareada de la que siempre me quejo . En él, Nasrudín, el eterno protagonista de las enseñanzas sufíes nos pone de manifiesto con aplastante lógica ese rasgo de incongruencia humana del que nos sentimos a veces tan víctimas.
Camellos y hombres
Nasrudín –le preguntó el vecino- ¿Quién es más inteligente, el camello o el hombre?
El camello –contestó el mulá-, porque lleva cargas pesadas sin quejarse, pero nunca pide una carga adicional. El hombre, por el contrario, atestado de responsabilidades, siempre quiere aumentar sus cargas.

jueves, 14 de junio de 2012

Uno que no tenía tiempo y lo encontró

Os transcribo este fragmento de  “Lograr el milagro de estar atento” de Thich Nhat Hanh.
En él, un amigo le transmite al autor el descubrimiento que ha hecho a la hora de gestionar su propio tiempo. Como veréis, este amigo era uno de los que sentía lo de “no tengo tiempo para mí”; al parecer lo resolvió.
 No sé si nos servirá a todos igual, pero la descripción que hace de cómo se sentía antes del descubrimiento a mi me ha sonado como si fuera yo misma la que lo escribe, y su forma de resolverlo  es un punto de vista que hasta ahora se me había escapado. Lo mismo hasta me sirve.

“Antes solía ver mi tiempo como si estuviera fraccionado, una parte la reservaba para Tony, le ayudaba con los deberes, le leía cuentos o le bañaba. Otra parte era para Ann, ayudándole con Zoe, haciéndole la compra, llevando la ropa a la lavandería y hablando con ella cuando los niños ya estaban en la cama. […] El tiempo que sobraba lo consideraba mío; podía leer, escribir, investigar y pasear. El trabajo en la oficina también era otra parcela, o sea el tiempo para la oficina. Pero ahora, intento no fraccionar el tiempo nunca más; considero al tiempo que paso con Tony y Ann como el mío propio. Cuando ayudo a Tony con sus deberes procuro desechar el pensamiento de que “este es el rato que le reservo a Tony y luego tendré un rato para mí”. Trato de buscar formas de ver su tiempo como el mío propio. Sigo las lecciones con él, compartiendo su presencia y encontrando la manera de interesarme en lo que hacemos durante ese tiempo. De esta manera el rato para él es mi propio tiempo. Lo mismo con Ann. Y lo más notable es que ahora tengo tiempo ilimitado para mí.”