Os transcribo este fragmento de “Lograr el milagro de estar atento” de Thich Nhat Hanh.
En él, un amigo le transmite al autor el descubrimiento que ha hecho a la hora de gestionar su propio tiempo. Como veréis, este amigo era uno de los que sentía lo de “no tengo tiempo para mí”; al parecer lo resolvió.
No sé si nos servirá a todos igual, pero la descripción que hace de cómo se sentía antes del descubrimiento a mi me ha sonado como si fuera yo misma la que lo escribe, y su forma de resolverlo es un punto de vista que hasta ahora se me había escapado. Lo mismo hasta me sirve.

“Antes solía ver mi tiempo como si estuviera fraccionado, una parte la reservaba para Tony, le ayudaba con los deberes, le leía cuentos o le bañaba. Otra parte era para Ann, ayudándole con Zoe, haciéndole la compra, llevando la ropa a la lavandería y hablando con ella cuando los niños ya estaban en la cama. […] El tiempo que sobraba lo consideraba mío; podía leer, escribir, investigar y pasear. El trabajo en la oficina también era otra parcela, o sea el tiempo para la oficina. Pero ahora, intento no fraccionar el tiempo nunca más; considero al tiempo que paso con Tony y Ann como el mío propio. Cuando ayudo a Tony con sus deberes procuro desechar el pensamiento de que “este es el rato que le reservo a Tony y luego tendré un rato para mí”. Trato de buscar formas de ver su tiempo como el mío propio. Sigo las lecciones con él, compartiendo su presencia y encontrando la manera de interesarme en lo que hacemos durante ese tiempo. De esta manera el rato para él es mi propio tiempo. Lo mismo con Ann. Y lo más notable es que ahora tengo tiempo ilimitado para mí.”