Sus palabras transmiten paz, es como si el papel se hubiera impregnado de esa esencia y cuando uno lo lee se reproduce el mensaje vivo, como un gramófono reproduce la voz grabada en los surcos, y llega con una intensidad que produce cambios en uno.
No tiene más de 200 páginas, pero llevo con él ya dos meses, porque avanzo y retrocedo continuamente. Es tal la densidad de verdades trascendentales por cm2 de papel que a menudo me paro para tomarlas en pequeñas dosis y asegurarme de que no se me ha escapado nada.
Digo que son verdades porque así lo siento cuando lo leo y resuena su mensaje en mi propio interior, como si siempre hubiera estado ahí y ahora lograra reconocerlo.
Cuando llegue al final del libro sin duda volveré a comenzarlo, y creo que me acompañará toda la vida, como una brújula que apunta siempre hacia el norte del alma, hacia la iluminación.