Si algo he tenido claro que no tengo que hacer en esta nueva situación de mi vida, (sin empleo), es perder la autoestima.
Como ya dije, la línea entre comerte el mundo y sentirte una mierda puede ser muy fina, y hay que estar muy alerta para no traspasarla.
Ahora puedo decir que la he traspasado en estos casi tres meses, en repetidas ocasiones.
Me pregunto cómo ocurre que el malestar que se produce en una parcela de mi vida se pueda extender a la totalidad de ésta.
El hecho de que pueda inundar, contaminar e impregnar, tantos otros aspectos y situaciones de mi existencia, implica que hay un error de “procesado de acontecimientos”. En algún punto he perdido el control. En alguna frase interna estoy creando un silogismo estúpido, (estúpido en el sentido que lo utiliza Albert Ellis). Algo así como:
Lo parados son una mierda,
Yo soy una parada,
Entonces yo soy una mierda
Qué pena que la cosa no sea tan sencilla de desmontar como tachar:
Desgraciadamente los procesos son mucho más sutiles, las sentencias equivocadas están camufladas, están disfrazadas de “conceptos sensatos”, de “verdades universales”, de “porque es así de toda la vida”, o de “porque todo el mundo lo sabe”, y la tarea mas difícil es detectarlos, rastrearlos en nuestro bagage, extraerlos de lo mas profundo de ese tejido en el que se encuentran imbricados.
Después vendría el analizarlos y juzgarlos, pero ya no es apenas necesario. Si has conseguido detectarlo es porque una parte de ti ya sabe que no es cierto, y el hecho de atraer hacia la superficie una de esas “verdades erróneas” que llevamos dentro, hace que, al contacto con el aire libre se arruguen, se empequeñezcan, se marchiten y dejen de tener el peso que tenían.
(No os preocupéis por mí los que me queréis, que cuando escribo esto es porque ya estoy de vuelta...)
